Piñera: ¿Estadista o Accionista?. Por Eduardo Villavicencio

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Chile es un territorio extraño. Una cápsula social donde los experimentos económicos se hicieron un asunto incuestionable. El ex Presidente Sebastián Piñera nuevamente se ve envuelto en una polémica que cruza irremediablemente el dinero y su importante poder político. Como dirían en el campo: la sangre tira.

Seguramente las principales complicaciones de Piñera serán comunicacionales, intentar explicar cómo una de sus empresas que, no estando dentro del fideicomiso, invirtió en un momento especialmente complejo a nivel institucional para Chile, será motivo de sensatos cuestionamientos. Basta solo recordar la teoría de cuerdas separadas y su amenizado pisco sour con Alan García, para darse cuenta rápidamente que nada es casualidad. Mejor dicho en los negocios todo es oportunidad. Sin embargo, no deja de sorprender la invisibilidad de un tema mucho más importante que las meras apuestas rentistas de la familia Piñera: su discurso político-empresarial sobre productividad e impuestos.

La elite, aquella estructura poco definible pero claramente identificable, mira con desdén y desconfianza las políticas impositivas en general, para qué decir aquellas de corte más progresivo que efectivamente recaudan más de los más ricos. En esta línea el argumento siempre será que un aumento en las tasas impositivas afectará la productividad, ideas que el propio ex Presidente Piñera no dudó en utilizar en referencia al indicando proyecto: “No cabe la menor duda que una reforma (tributaria) que afecta en forma tan directa y tan categórica la capacidad de ahorro e inversión de un país va a tener un impacto sobre el crecimiento, sobre el empleo, sobre la productividad, sobre las oportunidades, sobre la creación de nuevos emprendedores” (declaraciones al Diario Financiero el año 2014).

En el caso chileno, la Reforma Tributaria implicó, durante el 2017, un alza desde el 20% a un 27% para las empresas de primera categoría en el sistema semiintegrado y de 25% para el mismo tipo de empresas en sistema integrado. En términos simples, Chile aumentó su política de impuestos a las empresas, quedando aun así entre los países que menos recauda en dicho concepto a nivel Latinoamericano. Según el informe elaborado por la consultora EY el año 2013, Colombia registraba impuestos a las empresas de un 34% y Perú un 30%. En estos dos últimos países Bancard International Investment registra inversiones. Algo sin lugar a dudas no cuadra.

Como señalamos, fue el mismo ex Presidente quien argumentó decididamente en contra de la reforma tributaria, específicamente por los perjuicios que causaría en la inversión, dado el aumento en el nivel de impuestos que proponía. Sin embargo, esto no impediría que él, sus familiares o su gerente, invirtieran en países donde la carga tributaria a las empresas era mayor que las chilenas. ¿En qué quedamos?

Queda claro que los argumentos del Ex Presidente para oponerse a un alza de impuesto a las empresas en Chile no los tuvo a la vista a la hora de invertir en el extranjero. Ante ello cabe destacar dos asuntos: mayores tasas de impuestos no implicarían necesariamente un efecto negativo en el nivel de productividad y maximizar el valor del accionista no tendría que ver con generar ingresos sino reducir gastos. Esto último ha sido interpretado por Chang (2012) como una de aquellas cosas que no te cuentan sobre el Capitalismo. El académico de la Universidad de Cambridge ha destacado los perjuicios sociales que implica un nivel de productividad empresarial basado en este tipo de maximización de beneficios accionarios.

¿Qué tiene que ver esto con el ex Presidente y sus inversiones? Mucho, por cuanto las actuaciones privadas de un hombre público hablan más y mejor que las meras buenas intenciones. Las inversiones de Piñera describen las formas modernas de desarrollo capitalista, las cuales no centran sus objetivos e incentivos en la productividad industrial, sino en la maximización de rentas y su correspondiente distribución accionaria.

En resumen, la novedad en concreto no son las inversiones económicas de una autoridad con poder político, sino la increíble capacidad del personero de transitar y mezclar estos planos en su propio beneficio. Así, existe, a la vez, un Piñera que habla como hombre de Estado frente a reformas importantes para el país pero que, al mismo tiempo y en un cerrar y abrir de ojos, cambia en la dimensión privada. Ahí se observa “el otro Piñera”, el hombre que actúa como un maximizador de beneficios accionarios, para quien las oportunidades en lo financiero no se pueden perder, independientemente del momento y de sus efectos, ya sea en un litigio internacional por soberanía o en un domingo en la playa.

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